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viernes, 9 de mayo de 2014

Breve Historia del Mundial de Fútbol (11/21) 1974

Alemania Occidental había sido escogida como sede del X Mundial diez años atrás en el Congreso de Tokio, y dispuso de mucho tiempo para preparar su organización. Todo estaba a favor de la sede centroeuropea: La economía más desarrollada del Viejo Continente, la cercanía y buena comunicación entre las posibles sedes, la abundancia de estadios... y naturalmente la gran tradición futbolística local. Tal y como ocurrió cuatro años antes en México, se aprovecharon las infraestructuras de los Juegos Olímpicos de Munich 1972 y su Estadio Olímpico fue la sede de la final. Otras ciudades remodelarían sus estadios y las vecinas Dortmund y Gelsenkirchen levantarían nuevos coliseos. Curiosamente, el nuevo Westfalenstadion de Dortmund fue el único estadio que no respondía a la clásica escuela arquitectónica de estadios alemanes (con pista de atletismo y, en muchos casos, con un graderío de una sola planta). Además de las mencionadas, Hamburgo, Stuttgart, Düsseldorf, Frankfurt del Meno y Hannover albergaron partidos de este Mundial.

El único inconveniente de organización fue contar con el Estadio Olímpico de Berlín, el más grande de Alemania y enclavado en la zona occidental de la ex-capital teutona. Las autoridades de la RDA eran reacias a permitir el paso al estadio, pero finalmente Berlín pudo ser sede. La clasificación de la Alemania del Este para disputar la fase final suavizó este conflicto. La seguridad fue la gran obsesión del comité organizador, tras lo ocurrido en los JJOO de Munich con la delegación israelita.

Había ciertas novedades en esta nueva edición. Para empezar, el trofeo había cambiado. La Copa Jules Rimet descansaría (...aunque no por mucho tiempo) en las vitrinas de la Confederación Brasileña en Río de Janeiro y daría paso a una estatuilla de oro de 18 quilates que, en lugar de por una copa, sería coronado por una bola del mundo. El diseño ganador de entre más de cincuenta propuestas corrió a cargo del orfebre italiano Silvio Gazzaniga y a diferencia de la Copa Rimet, se estableció que no fuera entregado en propiedad a ninguna federación campeona. El calendario también se modificó, debido en suma a compromisos televisivo-publicitarios. La primera fase permanecería inalterada, pero en lugar de las eliminatorias de cuartos y semifinales se establecería una segunda fase de liguilla, con los ocho equipos clasificados repartidos en dos grupos de cuatro equipos cada uno, cuyo campeón disputaría la final. Los respectivos subcampeones disputarían, a su vez, la final por el tercer puesto. Este sistema pasaría al XI Mundial de 1978 y, modificado, al XII de 1982.

La fase clasificatoria continuó ganando participantes. Sólo en Europa ya eran 32 las selecciones candidatas a un billete para Alemania Occidental. No faltaron las ausencias ilustres: La Campeona de 1966, Inglaterra, cayó ante la emergente selección de Polonia formada en su mayoría por los jóvenes campeones olímpicos de 1972. Perú, la agradable sorpresa de México’70, tampoco pudo clasificarse al ser vencida por Chile. “La Roja” se clasificó definitivamente por el boicot soviético al régimen de Pinochet, recientemente instaurado. Argentina sufrió lo indecible para clasificarse ante Paraguay. La RDA se clasificó sorprendiendo a Rumania. Holanda, con un equipo brillante y renovado capitaneado por Johan Cruyff, venció al fin el “Derby de los Países Bajos” ante Bélgica. Suecia y Yugoslavia se clasificaron en última instancia en dramáticos partidos de desempate ante Austria y España, mientras que Australia conseguía al fin clasificarse para la fase final en otro desempate frente a Corea del Sur. Otras dos selecciones debutantes serían Zaire (por África) y Haití, que sorprendió a los mexicanos.

Beckenbauer y Bransch ante el histórico y "morboso" RFA-RDA
El Olímpico de Berlín fue el escenario del partido inaugural entre la anfitriona RF Alemana y Chile. La defensa de La Roja fue infranqueable para los locales hasta que Paul Breitner consiguió marcar de un potente disparo lejano. La victoria de la RFA ante Australia por 3-0 no calmó los ánimos de los aficionados y de la prensa, muy críticos con el juego de su selección. El azar quiso que en el Grupo 1º se enfrentaran las dos Alemanias: La RFA y la RDA. Con dos victorias, los anfitriones ya estaban clasificados y los germano-orientales precisaban un empate. El partido del morbo se resolvió a favor de la RDA por un gol de Sparwasser a falta de diez minutos. El delantero de Magdeburgo fue proclamado héroe nacional mientras el entrenador de la RFA Helmut Schön se alivió al evitar a los peligrosos holandeses en la siguiente fase.

Los "plavi", sin piedad ante Zaire
El Grupo 2º estaba capitaneado por Brasil, pero la Brasil de 1974 se parecía muy poco a la de cuatro años antes. Con Jairzinho y Rivelino pero sin Pelé, y con jugadores de corte más físico como Luiz Pereira, el fútbol de los brasileños perdió brillantez y ganó rigor táctico. La metamorfosis no dio buen resultado y Brasil tuvo que esperar a la última jornada para clasificarse como segunda de grupo. La primera fue Yugoslavia, que aprovechó su gran goleada a Zaire por 9-0 (repetición del record de Hungría en 1954) para clasificarse primera. Escocia sólo ganó a los africanos por 2-0 y quedó eliminada. Zaire era una selección pintoresca, formada por un grupo de jugadores voluntariosos pero poco dotados, cuyos porteros encajaron goles inenarrables. El fútbol del África Central tardaría algunos años en ser competitivo en un Mundial.

El Grupo 3º fue liderado por Holanda. La selección neerlandesa tenía al mejor jugador de la época: Johan Cruyff, quien estaba rodeado por una pléyade de magníficos jugadores (Rep, Rensenbrink, Neeskens, Haan, Suurbier, Krol...) Dirigidos por Rinus Michels, eran los abanderados del “Fútbol total”, táctica basada en la rotación constante de posiciones y en el rápido desplazamiento de balón. La prensa les bautizó con el título de la novela de Anthony Burgess, famosa por la película de Kubrick, “La Naranja Mecánica”. Holanda fue también pionera en otros aspectos. La cercanía de las sedes y la boyante economía neerlandesa permitió el primer desplazamiento masivo de aficionados de un Mundial. Asimismo, el contrato de Cruyff con la empresa Puma forzó a retirar sólo para él una de las tres listas con las que su matriz Adidas adornaba las camisetas holandesas. La potente selección sueca de Hellström, Edström y Sandberg consiguió empatar con los holandeses y clasificarse segunda de grupo. Uruguay y Bulgaria fueron eliminadas.

Holanda, la temible "Naranja Mecánica" de 1974.

Polonia eliminó a Italia
El Grupo 4º deparó dos grandes sorpresas: la brillante clasificación de Polonia como primera de grupo y la eliminación de Italia, vigente subcampeona mundial. Las cosas no empezaron bien para los italianos. El delantero haitiano Sanom rompió la racha de imbatibilidad de su portero Dino Zoff, y aunque luego los italianos remontaron y ganaron por 4-1 las dudas asaltaron a los “tiffosi”. El empate ante Argentina obligó a los italianos a puntuar ante Polonia, que venía de ganar sus dos partidos anteriores. La gran actuación del portero polaco Tomaszewski y los goles de Szarmach y Deyna enviaron a los transalpinos a su casa. Polonia contaba con jugadores muy destacables además de los nombrados: el defensa Zmuda era casi insuperable, y su delantero Grzegorz Lato tenía un potente chut y una endiablada velocidad en carrera. Dirigidos por Kazimierz Górski, habían adaptado a su tradicional fútbol físico y táctico lo aprendido de la selección brasileña de 1970. Su aval era su título olímpico de Munich’72 y la eliminación de Inglaterra. Para muchos, sólo Polonia podría hacer frente a la Holanda de Cruyff en aquel Mundial. Argentina se clasificó como segunda tras Polonia.

Los holandeses celebran un gol ante Brasil
La segunda fase repartió a los ocho equipos clasificados en dos grupos de cuatro equipos. El hecho de que sólo el campeón disputaría la final descafeinó el nuevo “invento” que pretendía recaudar más dinero por retransmisiones televisivas y publicidad. El Grupo A vio una pseudo-semifinal entre holandeses y brasileños, que tomaron ventaja sobre Argentina y la RDA. Brasil había despertado ligeramente con su victoria ante los albicelestes en el primer duelo de fase final mundialista entre las dos gigantes sudamericanas, pero contra Holanda no tuvo opciones. La “Naranja Mecánica” fue muy superior y se sobrepuso con goles de Cruyff y Neeskens a la inusual rudeza de los brasileños. Holanda accedió a la final habiendo encajado un sólo gol en la primera fase y mostrándose superior a sus rivales, mientras Brasil optó al tercer puesto.

Overath marca para la RFA ante la difícil Suecia
El Grupo B reunió a la RFA, Yugoslavia, Suecia y Polonia. Como en el anterior grupo, alemanes y polacos superaron a Suecia y Yugoslavia (Los suecos se lo pusieron muy difícil a los germano-occidentales, que ganaron apuradamente por 4-2, y a los polacos, que hicieron lo mismo con un solitario gol de Lato). En la otra pseudo-semifinal improvisada la RFA y Polonia se disputaron el acceso a la final. Polonia dominaba y los alemanes eran incapaces de batir a Tomaszewski, quien incluso detuvo un penalti a Hoeness. Sólo el oportunismo de Gerd Müller –de nuevo el “Torpedo” al rescate-, clasificó a la RF Alemana para alivio de la hinchada local. Los polacos se habían quedado a las puertas de una merecida final, pero al menos obtendrían el mérito de la tercera plaza ante Brasil con un gol del veloz Lato, el séptimo del campeonato, que le coronó como máximo goleador del X Mundial.

El polaco Grzegorz Lato, máximo goleador del Mundial de 1974, chuta ante Brasil

Cruyff y su culminación de la jugada inicial
Holanda y la RF Alemana se veían al fin las caras en la final de Munich. Los alemanes contaban a favor con una trayectoria ascendente, con la condición de anfitriones (y la posible condescendencia arbitral), y con el apoyo fervoroso de sus hinchas. Los holandeses habían sido el mejor equipo del campeonato, se sentían superiores a todos los demás, y gozarían del apoyo desde la grada de miles de compatriotas desplazados en masa para la ocasión que teñirían el Olympiastadion muniqués de naranja. El miedo a un “Maracanazo” al estilo alemán flotaba en el aire aquel domingo 7 de julio de 1974. La anécdota fue el retraso del comienzo del encuentro porque los banderines de corner no habían sido colocados todavía.

Neeskens marca de penalti, pero...
El partido se inició con saque de Holanda. Los jugadores de Michels comenzaron a pasarse el balón hasta que llegó a Cruyff, que avanzó veloz hacia la portería de Maier. Berti Vogts, su férreo marcador, le derribó en el área. El árbitro inglés Taylor pitó el primer penalti en una final, que transformó en gol Neeskens. Holanda se adelantó en la primera jugada sin que los alemanes hubieran tocado el balón. Suecia había conseguido algo similar en la primera fase ante Uruguay, si bien al comienzo del segundo tiempo.

Holanda comenzó dominando y acorralando a los alemanes. El apoyo de cincuenta mil hinchas locales pudo espolearles para salir al contragolpe. En una de sus incursiones fugaces, Hölzenbein fue derribado por el defensa neerlandés Jensen. Taylor volvió a pitar penalti. Breitner no desaprovechó la ocasión para empatar.

...Gerd Müller culmina la remontada local. RFA campeona
El partido no cambió de guión. Holanda dispuso de ocasiones para recuperar la ventaja y la RF Alemana se desquitaba a base de contras, en ocasiones muy peligrosas. En otra tentativa, al filo del descanso, Grabowski centró para Gerd Müller, que templó el balón en el área y armó la pierna para un chut que batió al holandés Jongbloed. El Olympiastadion estalló con el 2-1. En la segunda mitad, a Holanda le entraron las prisas y el desorden, mientras la defensa alemana con Beckenbauer, Vogts y las inspiradas intervenciones del guardameta Sepp Maier desbarataron una tras otra las ocasiones de Cruyff y compañía. Alemania Occidental resistió y ganó su segundo título mundial. Holanda sólo flaqueó en el partido definitivo.


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