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miércoles, 11 de julio de 2012

Mis recuerdos... del Mundial de España 1982 (fútbol)

Comienzo una nueva sección en el blog que consistirá en mostrar mi punto de vista personal sobre los deportes y su historia. No se trata de contar mi vida, pero sí me gustaría contar a través de mis recuerdos y de anécdotas personales cómo me he ido relacionando con los distintos deportes, bien por su práctica o como simple espectador/radio-oyente/lector a través de los medios de comunicación. Es una forma de explicar -y de explicarme a mí mismo quizás- porqué esto de los deportes que a tanta gente le resulta indiferente a mí me llena la vida.

Esta sección será distinta al resto, acompañaré los relatos de vídeos y/o música que relacione con esos momentos para recrear el ambiente y de paso espero hacer los cuentos más amenos. Puede que al leer estos artículos haya quien se sienta identificado o quien lo haya vivido de un modo muy diferente porque cada cual ve la calle desde la altura de su ventana como suele decirse. Espero que quien guste de leer estas “batallitas” las disfrute.
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Cabecera de las retransmisiones del Mundial 1982



El día de hoy, 11 de julio, además de cumplirse dos años del primer y glorioso título mundial de fútbol para España se cumplen treinta años del tercer título para Italia. El día 11 de julio de 1982, también domingo, también se jugó una final de un Mundial. La del Mundial de España. Dada la fecha y al ser uno de los primeros acontecimientos deportivos del que tengo cierto recuerdo voy a comenzar por contar cómo viví el Mundial de fútbol de 1982. Prometo que la próxima entrega será menos futbolera: reservo fecha para contar dentro de dos semanas mi experiencia olímpica de Barcelona’92.


El Mundial de España 1982 me pilló muy pequeñito, con cuatro años y medio solamente. Era por entonces un niño rubito, melenudo y muy inquieto con una gran obsesión: echar a correr calle arriba o calle abajo según salía por el portal de casa. ¿Habría un Usain Bolt dentro de mí?  Sin embargo, tenía ya por entonces el suficiente entendimiento para comprender que algo relacionado con el balón pasaba a mi alrededor. Oviedo había sido designada como sede del Mundial y en el remozado Carlos Tartière se iban a jugar tres partidos del grupo B. Aunque mi primer contacto con el Mundial de España no tuvo lugar en mi ciudad, sino en la región vecina en la que tengo raíces familiares y de la que por ello también me siento en cierto modo natural: Galicia. Más concretamente en la que considero mi “segunda” ciudad: La Coruña.

Aquel año de 1982, además de ser el año del Mundial de fútbol, era año jacobeo. Y con ocasión del jubileo de Santiago mi familia y yo nos dirigimos a Galicia a visitar al Apóstol y de paso a nuestra familia en La Coruña. Durante nuestra estancia en Santiago nos hospedamos en el Hotel “Gelmírez”, y en el “Rías Altas” a las afueras de la ciudad herculina. Pese a mi corta edad recuerdo nítidamente este último hotel, entre otras cosas por disponer en el patio trasero de unos columpios (era un niño de cuatro años). Al abandonar el hotel de camino a Santiago o de vuelta a Oviedo (hasta ahí no llega mi memoria) me impresionó ver llegar un autobús lleno de jóvenes negros en chándal que entraban en el hotel al mismo tiempo que nosotros lo abandonábamos. Era la primera vez en mi vida que veía esa escena. Después supe qué significaba aquello. Llegaba a su hotel de concentración la selección de Camerún para disputar el Grupo A del Mundial’82.

Camerún, en aquel mismo hotel Rías Altas, propició días después una de las noticias más insólitas de aquel Mundial. Su ya por entonces estrella goleadora Roger Milla (el mismo que ocho años después -en Italia’90- se haría mundialmente conocido como el abuelo de los goleadores mundialistas) se había lesionado y ante la inminencia del difícil partido ante Polonia en Riazor el cuerpo médico de la selección recibió la ayuda de un chamán o hechicero que exorcizó al jugador. Aquel ritual surtió efecto, ya que Milla pasó de descartado a titular ante los polacos. Eso sí, el resultado del partido fue empate a cero y el vudú no le sirvió al bueno de Milla para marcar goles. El portero de aquella selección era Tommy N’Kono, después fichó por el Español y se convirtió en leyenda “perica”.


Vídeo del Polonia-Camerún



Vídeo de Italia-Camerún



Además de ese partido ante Polonia, los cameruneses disputaron dos partidos más. Ante Perú en La Coruña (0-0) y ante Italia en Balaídos, en Vigo, cosechando un meritorio empate a uno que no les sirvió empero para clasificarse. Aún así, la primera participación de los Leones Indomables en esta competición puede considerarse correcta, sobre todo a comparación de la experiencia previa de Zaire (primer país del África Negra en clasificarse para una fase final mundialista). Para la segunda fase (cuatro grupos triangulares a jugar en Madrid y Barcelona) se clasificaron Polonia e Italia. Polonia realizó un gran campeonato y fue tercera, Italia les ganó en las semifinales del Camp Nou y tras una primera fase muy irregular acabo siendo la campeona. Eran estadios muy bonitos tanto Balaídos como Riazor por aquella época. Riazor especialmente.

En aquellos viajes nunca faltaban en el casette del coche de mi abuelo las cintas de Juan Pardo. Para más Inri, 1982 fue el año de su celebérrimo “Bravo por la música”. De aquel disco hay una canción que ha resistido mejor que las demás el paso del tiempo gracias a su estilo cercano al pop-rock de los setenta. Siempre que la escucho me acuerdo de aquellos viajes y de aquella época con una sonrisa nostálgica. Sirva también como homenaje a mi abuelo: “Y ahora qué”.



Hay otra canción de un estilo más moderno que fue por así decirlo la canción del verano de 1982. Tengo el recuerdo clarísimo de escucharla en el trayecto de vuelta a casa y de balancearme en el asiento trasero al escucharla de lado a lado. No sé si al frenético son de la música o debido a las curvas de aquella carretera La Coruña-Oviedo que desde hace treinta años tampoco es que haya mejorado mucho, la verdad. No es mi canción favorita de este grupo, pero es que se trata precisamente de esta canción, qué vamos a hacerle...



Candás (en primera línea, el más alto, el hotel Marsol)
Varios días después de nuestro regreso a casa, viajamos a Candás. La capital del concejo de Carreño es una de las paradigmáticas villas marineras asturianas, famosa por la imagen de su Cristo (según la tradición fue recogido por un barco pesquero en alta mar), por su veraniego Festival de la Sardina y por las corridas de toros que se realizaban en la playa cuando había marea baja en sus fiestas patronales, tiempo ha. Dista unos 35 Km. de Oviedo y está muy próxima a Gijón, que queda un puñado de kilómetros al este. 

En primera línea de playa existía y aún existe el hotel “Marsol” (curiosamente de la misma cadena hotelera que el “Rías Altas” coruñés), a cuyo vestíbulo entramos. El personal era conocido de mi abuelo según recuerdo, de los muchas paradas que realizó allí por motivos de trabajo y no era raro pasarse por ese hotel al llegar a Candás. El caso es que como niño inquieto que era entonces, llevaba un pequeño balón conmigo y empecé a pelotear en el vestíbulo (era un niño de cuatro años) y un grupo de muchachos extranjeros que allí estaban reunidos empezaron a juguetear conmigo.

Recuerdo lo de Camerún con bastante claridad para ser tan pequeño, pero no tengo recuerdo nítido de este pasaje. Lo que sé lo sé por relato de mis mayores y bien que me pesa, porque en el hotel Marsol de Candás estaba alojada en aquellas fechas... la selección de Austria. Y muy probablemente me llevaré a la tumba la gran incógnita de con qué figuras austríacas estuve jugando en aquel vestíbulo. ¿Prohaska? ¿Jara? ¿Schachner? ¿Krankl?  Probablemente éste último, ya que cuando yo pregunté a mis mayores sobre este momento, me contestaron que mientras jugaba con ellos me decían “chaval” y eso demuestra un cierto conocimiento de español (Krankl había jugado en el Barcelona, siendo máximo goleador de la Liga en 1979)... También es cierto que durante la concentración los jugadores austríacos recibieron clases básicas de español para desenvolverse en nuestro país durante el campeonato. Es seguro que jugué con futbolistas y no con periodistas o aficionados. Pero como en mi familia nunca hubo afición a los deportes en general ni al fútbol en particular no pueden (ni pudieron quienes ya no están) decirme concretamente quiénes eran.


Mientras los austríacos se hospedaban en Candás, sus rivales se repartieron por el centro de la región. La RF Alemana (Rummenigge, Schumacher, Stielike, Hrubesch, Fischer, Littbarski, Briegel, los hermanos Förster y un jovencito Matthäus) se alojaron en el Hotel Príncipe de Asturias de Gijón, ya que disputarían sus tres partidos como cabeza de serie en El Molinón. Argelia se hospedó en la finca “Campuloto” de Ceceda (Nava), propiedad hoy y creo que también entonces de la familia de oftalmólogos Fernández-Vega. Y la selección de Chile, en el Colegio de Meres (Siero).

Como ya contamos en el capitulo que dedicamos al estadio Carlos Tartière en la sección “Templos del deporte”, la reforma insuficiente del estadio ovetense propició que Gijón fuera la sede principal. El Molinón había sido objeto de una reforma integral que dobló su capacidad (de veinte mil a cuarenta y cinco mil espectadores) aunque su estructura compleja, con cuatro alturas diferentes y unas extrañas esquineras junto a la tribuna principal habían dejado muy disgustados a los sportinguistas acerca de la reforma de su casa (por ejemplo: en la película “Volver a empezar”, se puede ver el estadio en obras). A lo largo de la estancia en Asturias de las selecciones mundialistas del Grupo B fue noticia que coincidían las fechas del Mundial con el Ramadán (el mes santo musulmán) y que ello trastocaba los planes de los argelinos, si bien es sabido que los deportistas en competición internacional gozan de cierto grado de bula.

A la hora de la verdad, Argelia fue la sensación del grupo. Nadie daba un duro por ellos, pero en el primer partido ganaron a la RF Alemana por 1-2. Semejante hazaña, que por tal fue tenida, no tuvo premio porque alemanes occidentales y austríacos, conociendo el resultado del partido Argelia-Chile del día anterior, pactaron el resultado para clasificarse y dejar fuera a los magrebíes. Desde entonces, dado el escándalo que se formó por el manifiesto “tongo”, la FIFA decidió que desde el siguiente campeonato los dos últimos partidos del grupo en curso se jugaran simultáneamente. La UEFA adoptó esta decisión y ya en Francia 1984 se realizó esta práctica... aunque cuando pudo haber amaños, siguió habiéndolos. En aquella sensacional Argelia de 1982 formaba un medio veloz, trabajador y con buen nivel técnico llamado Djamel Zidane, a la sazón tío del gran Zinedine (por entonces un niño de diez años recién cumplidos), además estaban Madjer, Belloumi, Assad, Kourichi, Fergani... muy buen equipo.

Djamel Zidane a la carrera en el Argelia-Austria
Vídeo del Argelia-Chile



En el Carlos Tartière de Oviedo se disputaron tres partidos, los tres a las cinco y cuarto de la tarde:
Chile-0 Austria-1 el jueves 17 de junio; Argelia-0 Austria-2 el lunes 21 de junio, y Argelia-3 Chile-2 el jueves 24 de junio. Los aficionados de la Roja (es decir: Chile) no olvidan el penalti fallado por Carlos Caszely ante los austríacos que pudo haber variado el curso de los futuros acontecimientos. En los vídeos de España’82 llama poderosamente la atención el continuo sonido de las cornetas. Como si un mensajero del futuro las hubiera hecho sonar para decirnos que, en realidad, nuestro auténtico mundial iba a ser el de las “vuvuzelas” sudafricanas.

El penalti fallado por Caszely



Naranjito. Inevitablemente hay que recordar a la mascota de aquel Mundial. A la mayoría del público le horrorizó. Una naranja, aparatosamente vestida con el uniforme de la selección, con unos enormes ojos verdes y con una serie “ad-hoc” de dibujos animados que rayaba lo imposible y que inspiró en cierta medida otra serie animada ilustre que vio la luz más de una década después: “Los Fruittis” (en la que por cierto no recuerdo ninguna naranja). Como por entonces era un niño pequeño acogí sin reservas al muñequito en cuestión y a sus varios juguetes (un collar móvil, un muñeco con muelles al que se le hacía saltar con un bolígrafo, etc.)  Años después, Naranjito fue reivindicado por la sub-cultura underground y convertido en un icono “freaky”, ocupando para ellos un lugar en el altar junto al casco de Darth Vader.

En lo que respecta a la Selección Española, mi primer recuerdo claro es el 12-1 a Malta, así que no puedo hablar con propiedad de lo percibido en aquel 1982. Con posterioridad vi los partidos de España en vídeo y debo decir que aunque las expectativas eran demasiado altas había muy buenos jugadores (Juanito, Quini, Arconada, Zamora, Perico Alonso, Santillana, Alesanco, Gordillo, Camacho, Tendillo, López Ufarte...) lo que faltó fue hacer de ellos un equipo. Si de algo adoleció España en aquella fecha fue de ansiedad e individualismo. También hubo mala suerte (el día de Irlanda del Norte llegaron una vez y fue gol y ante la RF Alemana se compitió muy bien pese a la derrota)

Miguel Ángel "Perico" Alonso (el padre de Xabi), ante los alemanes Kaltz y Breitner
Como todos recordamos, la final tuvo lugar en el Santiago Bernabeu y enfrentó a Italia con la RF Alemana. Hoy hace treinta años de este encuentro. Venían los alemanes de cargarse en semifinales a la Francia de Platini, Giresse, Luis Fernández, Tigana y compañía, que habían hecho el mejor fútbol del campeonato junto con Brasil (Sócrates, Zico, Elzo, Eder...) que cayeron ante los italianos en cuartos. Era una final de villanos, por así decirlo. Lo que más recuerdo de la final fueron los felices brincos del anciano presidente italiano Sandro Pertini (ver a los mandamases saltar como ahora era entonces inaudito, insólito, casi un pecado capital) y la celebración apoteósica del gol de Tardelli. Viéndola siempre me imaginaba a un jugador español marcar el gol del soñado título mundial y celebrarlo de igual forma. Ahora, por fortuna, ya no necesito imaginármelo.

Vídeo de la Final (Italia-RF Alemana, 11-07-1982)



El gol de Tardelli (título para Italia)



Para finalizar, una canción que me recuerda mucho a aquella época y que me da en la nariz que me volverá a sonar en la cabeza durante los próximos campeonatos de selecciones en Brasil. Me gusta mucho la melodía (plagio descarado de "Lady Writer" de Dire Straits, por cierto) aunque la letra sea algo cursi.

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