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martes, 31 de julio de 2012

Mis recuerdos... de los JJOO Barcelona 1992 (2/2)


Después de haber repasado los recuerdos del ambiente de Barcelona’92 toca acordarse de lo meramente deportivo, de lo que aconteció en las competiciones y de las sensaciones que me inspiraron. 

Seguramente pasaré por alto muchas cosas. Y me equivocaré en otras tantas. Con el tiempo y la curiosidad supe más y más cosas sobre las competiciones habidas en estos Juegos Olímpicos, pero aquí no se trata de realizar un recuento exhaustivo. Habrá tiempo para ello. Me he limitado a recuperar lo que recuerdo haber visto y vivido en aquellos días de la forma más fiel posible a mis recuerdos. Es la regla de oro de este juego de la memoria.
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Ruedas y agua
Una de las imágenes-fetiche de Barcelona'92

La primera medalla española fue de oro. En el Velódromo de Horta, José Manuel Moreno hacía sonar el himno español tras vencer en la prueba del kilómetro contrarreloj de ciclismo. Al poco cayó otro oro en natación. Según recuerdo y seguro que me equivoco, la segunda medalla que obtuvimos en aquellos Juegos. Martín López-Zubero reeditó el éxito de su hermano mayor David en Moscú’80 ganando en los 200 metros espalda. Por aquel entonces comenzaba a seguir las competiciones de natación y por oír hablar de su hermano me sonaba mucho, también porque me llamaba la atención el detalle de su doble nacionalidad hispano-estadounidense. Aunque para recuerdo imborrable, las impresionantes vistas de Barcelona desde las piscinas de Bernat Picornell en las pruebas de salto de trampolín. Pocas ciudades tienen la suerte de tener una montaña cercana desde la que divisar la urbe en su extensión a los pies de uno. Otra de ellas es precisamente la mía: Oviedo.

Más agua

En el waterpolo se rozó la medalla de oro aunque nos la birlaron los italianos en la final después de varias prórrogas. Había grandes esperanzas en aquella Selección Española y la plata resultó casi una decepción para los aficionados. Daba rabia después de un campeonato impoluto ganando todos los partidos salvo un empate previo precisamente con Italia. Era el equipo de Manuel Estiarte, Miki Oca, Pedro García Aguado (sí, el “Hermano Mayor” de TV) y Jesús Rollán (aquel carismático portero que donó su medalla en un evento benéfico televisivo y que tuvo un trágico final cayendo por el tobogán de la droga). Cuatro años después, en Atlanta, llegaría la revancha. Las pruebas de piragüismo eran a las ocho de la mañana y lo primero que hacía al levantarme, devorado por la fiebre olímpica, era conectar la TV y desayunar viéndolas.

Natalia Vía Dufresne con su medalla de Atenas 2004
Todavía más agua

En vela conseguimos nada menos que cuatro oros y una plata. Honestamente reconozco que nunca he sido aficionado a este deporte y que padezco un gran desconocimiento acerca del mismo. Hasta tal punto que me hice un lío con los Doreste (José Luis y Luis fueron para mí la misma persona durante años) hasta que al fin “desfize el entuerto”, y de Theresa Zabell y Natalia Vía Dufresne lo que recuerdo de entonces es que eran efectivamente medallistas en vela y que –si se me permite la galantería- además eran bastante guapas. En aquellos días de fragor olímpico Natalia Vía Dufresne, con diecinueve añitos recién cumplidos (yo tenía catorce) y con el aspecto dulce y elegante de una bella jovencita de la alta sociedad me hizo “tilín”. No tanto como Marian Aguilera pero lo suficiente para acordarme de ella en cuanto me nombran su deporte. Después de su plata barcelonesa en clase “Europa” volvió a ser medallista en Atenas, doce años después, en 4.70. Además de por los éxitos de su carrera como regatista a Theresa Zabell la hemos seguido viendo porque es desde hace años una destacada miembro del COE. Bien por el implacable paso del tiempo que ha hecho mella en su rostro, por cambio en mis gustos o por su pertenencia al COE (esto último pesa lo suyo) la Zabell ya no me parece tan atractiva como antes. A Natalia Via Dufresne le han sentado mejor estos veinte años.

Fermín Cacho entra en meta como campeón olímpico, una de las mayores alegrías de Barcelona'92

Más lejos, más alto, más fuerte, más rápido...

Al ser uno de los deportes principales de los Juegos y siendo bastante aficionado ya por aquel entonces, recuerdo con bastante claridad las competiciones de atletismo. La plata de Antonio Peñalver en decatlón (una prueba hasta entonces casi vetada para españoles), el oro de Dani Plaza en marcha (20 kms.) y, naturalmente, el inolvidable oro en 1.500 m de Fermín Cacho. En esta prueba solía ganar Nourredine Morceli (campeón un año antes en el Mundial de Tokio) pero Cacho le venció en el momento y lugar justos, en los Juegos de Barcelona. Esta carrera final la vi en diferido, porque justo entonces estaba atento a la final de fútbol entre España y Polonia. Recuerdo que la familia real de entonces (Rey, Reina, Príncipe y sus hermanas infantas, sin adláteres ni descendientes todavía) había asistido al triunfo de Cacho y se desplazó a toda prisa al Camp Nou, donde les dio tiempo para ver a la Selección Española de Fútbol ganar el oro en el minuto 91 con gol de Kiko. Desde aquel 8 de agosto la familia real en general y el Rey Juan Carlos en particular tienen popularmente cierta fama de “talismanes” del mismo modo que los presidentes de Gobierno la tienen de gafes.

Tengo otros recuerdos de atletismo no españoles: Linford Christie ganando los 100 metros lisos, la participación de Carl Lewis en 4x100 relevos, la imagen de Derek Redmond llegando cojo y lloroso a la meta ayudado por su padre en los 400 lisos (recuerdo una imagen parecida de Los Angeles’84 con una atleta de maratón suiza llamada Gabrielle Andersen), la victoria de la argelina Hassiba Boulmerka en 1.500 femenino, venciendo a sus rivales y de paso a sus detractores del régimen integrista...

La epopeya de Derek Redmond



Hwang Young-Cho, campeón en maratón (h)
Mi recuerdo de atletismo en Barcelona’92 asociado a música es de la maratón masculina. Creo que fue la última prueba de los Juegos (9 de agosto por la tarde). Acostumbrado a ver en TV documentales sobre Bikila me llamaba la atención ver a un surcoreano y a un japonés en cabeza, seguidos de un alemán. Después tiré de archivo y me informé acerca del tradicional poderío de Extremo Oriente en esta prueba. Mientras el bueno de Hwang Young-Cho subía Montjuic, siguiendo la línea azul de camino al Estadio Olímpico, grababa en cassete la última canción de The Christians que sonaba como novedad en las listas de éxitos en aquellos días. Después de “Words”, “What’s in a word”. Siempre que la escucho recuerdo el trote de Hwang bajo el atardecer barcelonés camino del oro maratoniano.



García Chico, bronce en pértiga
Medallas que me tocan muy de cerca

En salto con pértiga saltó la sorpresa. Se esperaba que Sergei (luego Serhiy) Bubka revalidara el oro olímpico de Seúl, pero contra todo pronóstico no se clasificó para las finales. Quien sí consiguió emerger sobre su pértiga para caer en el podio (3º puesto) fue Javier García Chico, atleta nacido en Barcelona pero según recuerdo con orígenes en Betanzos (de donde es originario mi abuelo), motivo por el que me llevé una buena alegría al verle con la medalla de bronce. Saltó 5.75m. No fue el único medallista con motivos geográfico-sentimentales para mí en aquellos Juegos Olímpicos. El equipo español de tiro con arco consiguió el mayor hito de su historia al ganar la medalla de oro en Barcelona. Aquel equipo campeón estaba compuesto por Juan Carlos Holgado, Alfonso Menéndez y Antonio Vázquez Megido. Este último era nacido en Avilés pero originario de Levinco, pueblo asturiano del concejo de Aller próximo a su capital, Cabañaquinta. Yendo de camino al puerto de San Isidro, un desvío desde Levinco a la derecha de poco más de un kilómetro lleva a Bello, el pueblo de mi abuela. Es más, teniendo en cuenta las habituales relaciones entre esos pueblos vecinos y los apellidos de Antonio (Megido es el apellido de Bello o “gobeto” por antonomasia) mi abuela no descartaba que fuéramos parientes suyos aunque fuera en grado lejano.

Equipo de tiro con arco campeón en Barcelona'92. Antonio Vázquez Megido es el primero por la derecha
Antonio Vázquez Megido trabajaba en unos grandes almacenes en Lugones, a las afueras de Oviedo (recuerdo que el día de su regreso le dedicaron una bienvenida a toda página en prensa en la que de paso se publicitaban) aunque vivía en la capital. Entrenaba a dos manzanas de mi casa, como quien dice, en un garaje abandonado de la calle Azcárraga. Y en algunas ocasiones me lo crucé por la calle aunque nunca me atreví a dirigirme a él por eso de no parecer entrometido, a pesar de que Antonio tenía fama de tipo simpático. Naturalmente, al brillo de la medalla de oro apareció el entonces alcalde, que le invitó a realizar una exhibición en la Plaza de la Catedral (Alfonso II) y un local de entrenamiento plenamente acondicionado. Lo primero llegó muy pronto, casi a su llegada. Lo segundo, no, claro. Después de aproximadamente un par de años entrenando en las mismas condiciones que antes de la gloria olímpica abandonó su deporte (según recuerdo) y emigró a Ibiza donde prosperó con un negocio de rotulación luminosa.

Drama en la pista


En cuanto al tenis me viene a la memoria la polémica por la elección de la tierra como superficie. No recuerdo cuál o cuáles federaciones acusaron al COOB de favorecer a los españoles con esta circunstancia aunque todas las protestas quedaron en agua de borrajas. Sí me acuerdo especialmente de la final masculina, en la que un heroico Jordi Arrese fue “plata” tras caer en la final ante Marc Rosset, con un quinto set dramático resuelto por 8-6 en favor del suizo. Se pasó buena parte de aquella larga final de cinco horas sopla que te sopla la palma de la mano y esa es la imagen con la que le identifico. Tras la medalla de Arrese en Barcelona hubo una nueva explosión del tenis masculino con Bruguera, Berasategui, Corretja... que tuvo continuidad hasta hoy con los siguientes (Moyá, Ferrero, Nadal, etc)  Arancha y Conchita, las dos estrellas patrias de la raqueta de aquel entonces, no faltaron a su cita con las medallas: plata en dobles femenino y Arancha bronce en individuales. En la final de dobles, las hermanas estadounidenses de origen asturiano Mary Joe y Gigi Fernández ganaron a Arancha y Conchita. Curiosamente, pese a ser confeso seguidor de éstas últimas y de Mary Joe, recuerdo mucho mejor la final de Arrese. Desde su reentré olímpica en Seúl, el tenis nos ha ido dando muchas alegrías aunque como pasara en waterpolo, no conseguir ningún oro fue visto en su día como algo decepcionante.

Celebración del tercer gol de España (Kiko, nº 19)
Gloria y hecatombe

En la competición de fútbol hubo huelga y a punto estuvieron los jugadores de no presentarse. Comenzaron antes del inicio oficial de los Juegos, jugando en el Luis Casanova de Valencia ante Colombia, ganando por 4-0. Vicente Miera, en su canto del cisne como seleccionador nacional, auxiliado por Kubala, dirigía a uno de los mejores equipos olímpicos de todos los tiempos (Guardiola, Kiko, Alfonso, Abelardo, Luis Enrique, Ferrer, Manjarín, Amavisca, Solozábal, López...)  Toni era el portero titular y no recibió ningún gol hasta la final ante Polonia. Los polacos (Juskowiak, Czernyatinski, Lapinski, Kowalczyk) venían de golear a casi todos sus rivales (en la semifinal, 6-1 a Australia) pero en el partido decisivo un gol de Abelardo y dos de Kiko, el último en el descuento de la segunda parte, le dieron el oro a España por 3-2. El nuevo seleccionador, Javier Clemente, llevó a su equipo a buena parte de aquellos jugadores volviendo a hacer de España una selección competitiva (Estados Unidos 1994, Inglaterra 1996). Los más jóvenes llegaron a coincidir con los más veteranos de la siguiente gran generación, los de Sidney (Puyol, Xavi, Albelda, Tamudo, Capdevila, Marchena y Casillas, entre otros –Aunque Iker no fue a Sidney sí fue un año antes a Nigeria al Mundial sub-20), que fue la quinta que definitivamente conquistó el título mundial.

Drazen Petrovic y Michael Jordan en la final del baloncesto masculino (Sin palabras)
También hubo huelga en baloncesto, y en esta ocasión sí tuvo efectos en la plantilla. Algunos de los mejores jugadores no se presentaron o no fueron convocados. Las figuras de aquel equipo eran Andrés Jiménez (que volvía tras una larga convalecencia por lesión), Villacampa y Epi, que fue el último relevista de la antorcha olímpica y que tenía planeado retirarse de la selección al terminar los Juegos. Era el año del “Equipo de Ensueño”, del “Dream Team” de la NBA con Jordan, Bird, Magic Johnson, Ewing, Mullin, Drexler, Stockton, Malone, Barkley... y... Laetner. Dirigidos por el entrenador de los Detroit Pistons Chuck Daly ganaron con más solvencia que espectacularidad a todos sus rivales alzándose con el oro final. La plata era el objetivo posible para el resto y fue para Drazen Petrovic y su Croacia recién re-nacida. De la participación española casi es mejor no acordarse, aunque inevitablemente a los enfermos del baloncesto nos vienen terribles imágenes a nuestra cabeza consecuencia del “shock” del 31-07-1992. Sí, tal día como hoy, hace veinte años. Aquel día Angola nos ganó de veinte puntos. Palabrita del Niño Jesús. Tomémonoslo con humor:

 

Vitaly Scherbo
Apuntes finales

En aquellos Juegos de Barcelona se consiguió un hito en nuestro deporte: la primera campeona olímpica española fue Míriam Blasco (judo), que inició una serie de éxitos en deportes de combate (judo, taekwondo, boxeo) que continuó ipso facto Almudena Muñoz con otro oro y que se ha ido manteniendo hasta los presentes Juegos (Sugoi Uriarte acarició las medallas este mismo fin de semana aunque no pudo lograr el bronce por una discutida decisión de los jueces). Otro hito del deporte femenino patrio fue la medalla de oro de la Selección Española en hockey hierba.

Hoy en día nadie parece acordarse de él, pero el gran triunfador de aquellos Juegos fue el gimnasta bielorruso Vitaly Scherbo, que por la disolución de la URSS competía con el “Equipo Unificado” (que comprendía a las repúblicas ex-soviéticas salvo las “trillizas” bálticas –Lituania, Letonia y Estonia-) y que se llevó seis oros, una de las mayores hazañas doradas protagonizadas por un deportista en los Juegos Olímpicos. El propio Equipo Unificado terminó como líder del medallero al cabo de aquellos Juegos de Barcelona.

Barcelona’92 dejó un recuerdo inmejorable y ejemplar desde el punto de vista organizativo. Una de las claves principales para el éxito de la organización de los Juegos de Barcelona fue el entusiasta apoyo popular traducido en un ejército de voluntarios olímpicos. En los últimos años de su vida Juan Antonio Samaranch recordaba a los voluntarios de Barcelona con agradecimiento y orgullo en cuanto tenía ocasión.

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