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miércoles, 19 de febrero de 2014

Breve Historia del Mundial de Fútbol (1/21) Prólogo

Con este capítulo a modo de prólogo comienza una nueva serie que nos conducirá durante los próximos meses a la XX edición del Campeonato del Mundo de Fútbol que tendrá lugar en Brasil entre los meses de junio y julio.

Antes de escribir sobre partidos, eliminatorias, jugadores, sedes, grupos, mascotas, estadios, árbitros y demás he creído adecuado comenzar la serie contando a grandes rasgos la historia del nacimiento del Campeonato del Mundo de Fútbol. Para que el primer balón del primer partido del primer Mundial comenzara a rodar se acordaron muchos términos, se convenció a muchas voluntades reticentes y hasta la casualidad interpretó un papel decisivo. El empeño personal del presidente de la FIFA de aquel entonces -Jules Rimet- y el apoyo oportuno de directivos, federaciones, gobiernos e instituciones hicieron posible la celebración del primer campeonato en 1930.

La aspiración de la FIFA (siglas en inglés de “Asociación de Federaciones Internacionales de Fútbol”) de organizar un campeonato mundial entre sus federaciones integrantes es tan antigua como ella misma. Durante los primeros años del siglo XX la idea se plasmó en sucesivos proyectos que por una u otra razón terminaban en vía muerta. Los grandes problemas logísticos con los que tropezaban los primeros partidarios del campeonato mundial eran, por un lado, la enorme distancia existente entre las dos regiones del orbe futbolísticamente más potentes (Europa y Sudamérica) por aquel entonces sólo salvable gracias a largos viajes marítimos. Además, los gastos que las federaciones organizadoras deberían asumir tanto en infraestructuras y/o comunicaciones como en el acomodo durante varias semanas de las delegaciones extranjeras, prensa, aficionados y demás se suponían prohibitivos.


Jules Rimet
La llegada a la presidencia de la FIFA del francés Jules Rimet en 1921 supone el impulso definitivo al campeonato del Mundo. Muchos señalaron que la gran tarea de su gestión sería recuperar a las federaciones británicas –que se dieron de baja en la FIFA ese mismo año-, pero Rimet se volcó en primer lugar sobre la causa de la creación y organización del primer Mundial.

Con el COI hemos topado

Por aquel entonces ya se disputaba entre países sudamericanos la Copa América (Primera edición en 1917), así como el campeonato británico (ajeno a la FIFA en ese momento). Lo más parecido a lo que debería ser ese hipotético campeonato mundial era la competición olímpica. En el mismo congreso que elevó a Rimet a la dirección de la FIFA se aprobó el reconocimiento del campeonato olímpico de fútbol como Campeonato del Mundo Amateur. Era una plataforma ideal sobre la que construir el futuro. Pero la cuestión del profesionalismo supuso el gran e insalvable escollo entre la FIFA y el COI (o CIO). En aquellos años veinte se estaba produciendo la evolución del futbolista aficionado (que practicaba el fútbol sin exclusividad y sin cobrar –o recibiendo una cantidad pequeña o simbólica-) en futbolista profesional (de dedicación exclusiva y con sueldo). Y uno de los pilares irrenunciables del COI era precisamente el amateurismo. Y aún lo sería hasta la época de Samaranch. Para el Movimiento Olímpico, la cuestión de la profesionalidad en el deporte era un principio ético esencial.

Durante los campeonatos olímpicos de fútbol de Entreguerras los casos de participación de futbolistas y/o selecciones profesionales fueron crecientes, y pese a que la popularidad del balompié le convertía en una de las estrellas del programa los directivos del COI se echaron las manos a la cabeza ante tal flagrante infracción de la Carta Olímpica. En los Juegos de Amsterdam de 1928 esta cuestión se exacerbó. La consiguiente exclusión del fútbol para los JJOO de 1932 en Los Ángeles fue la consumación del desencuentro FIFA-COI. 

Grabado de la selección uruguaya bicampeona olímpica en Ámsterdam 1928

Había que organizar un campeonato al margen de los Juegos Olímpicos sin esa restricción para profesionales, y la FIFA de Rimet asumió el reto de la creación de un nuevo torneo. Los problemas logístico-económicos de los anteriores intentos seguían ahí. En 1927 Charles Lindbergh cruzó el Atlántico sin escalas, pero pasarían varios años antes de la proliferación de rutas aéreas regulares entre Europa y América. Se sugirió entonces un campeonato estrictamente europeo a la imagen de la Copa América, y un enfrentamiento final entre sus campeones, pero Rimet quería incluir a federaciones de todo el mundo y la idea se rechazó.

Un francés y un uruguayo

Enrique Buero
En 1925 tiene lugar un encuentro casual que inició la construcción del campeonato soñado. En Ginebra (Suiza), Jules Rimet conoce a Enrique Buero, embajador uruguayo en Bélgica y a la sazón entusiasta del fútbol. El dirigente francés y el diplomático uruguayo pusieron en común sus ilusiones personales sobre la celebración de un campeonato mundial. Buero participó a Rimet el interés del gobierno de Uruguay en organizar el proyectado evento, asumiendo sus gastos. Uruguay era la gran potencia futbolística sudamericana de la época, y en 1924 y 1928 su equipo se coronó como campeón olímpico. En el Congreso de la FIFA en Zurich (1927), Rimet encargó el proyecto de campeonato a una comisión compuesta por cinco delegados (El alemán Linnemann, el austríaco Meisl, el italiano Ferretti, el suizo Bonnet y el francés Delaunay –futuro impulsor de la Eurocopa-) que presentó su informe en el posterior Congreso de Helsinki.

En el Congreso de Ámsterdam (26 de mayo de 1928) se acordó por mayoría abrumadora (23/26) la organización de un Campeonato Mundial. En sucesivas reuniones habidas en las ciudades suizas de Zurich y Ginebra se diseñó el formato original del torneo, la periodicidad cada cuatro años al modo olímpico, y distintos detalles sobre su organización y financiación. Finalmente, el 18 de mayo de 1929 se resolvería la última incógnita. En el XVIII Congreso de la FIFA en Barcelona, que coincidía con la celebración en la capital catalana de la Exposición Universal, se decidiría la sede de la primera edición del nuevo Campeonato del Mundo.

Foto de grupo del Congreso de Barcelona (1929)

La elección y sus reacciones

Habían presentado sus candidaturas cinco federaciones europeas: España, Holanda, Hungría, Italia y Suecia, más Uruguay por Sudamérica. España e Italia parecían contar con más opciones pero Uruguay gozaba de la discreta simpatía de Rimet. La inauguración del Estadio de Montjuic días atrás había servido como elemento propagandístico en favor de la candidatura hispana. Los italianos contaban con una gran infraestructura y el apoyo decidido del gobierno de Mussolini. Hungría siguió adelante con su candidatura pero no Suecia y Holanda, que retiraron la suya en favor de la italiana. Uruguay se mantenía como opción residual, con el aval del prestigio de su selección bicampeona olímpica, pero con el peso negativo de su lejanía con respecto a las otras sedes futuribles. Curiosamente, fue el discurso del delegado argentino Adrián Béccar Varela el que disparó las opciones uruguayas. Su apoyo entusiasta a la candidatura de Uruguay provocó la retirada primero de la candidatura húngara y después de la italiana. Finalmente, el representante de la RFEF Julián Olave, apelando al fraternalismo iberoamericano, comunicó la retirada de la candidatura española en pro de la charrúa. Uruguay fue proclamado como sede del I Campeonato del Mundo de Fútbol en un ambiente de euforia.

Vista aérea del Estado del Centenario
Euforia que chocó con la realidad cuando los delegados regresaron a sus países. Las federaciones europeas rechazaron la elección de Uruguay por su lejanía. No estaban dispuestas a enviar a sus jugadores a un largo viaje por mar rumbo a un país remoto. El plazo de inscripción se cerró sin una sola federación europea inscrita. Sólo gracias a una intensa campaña de convicción, las legaciones uruguayas en Bélgica, Yugoslavia y Rumania consiguieron arrancar el plácet de sus federaciones. Jules Rimet, apesadumbrado con la idea de que su país no estuviera presente en la primera edición del campeonato que tanto le había costado organizar, tuvo que arrastrar a los franceses a Uruguay. A estas delegaciones les aguardaba un viaje en transatlántico de más de dos semanas hasta Montevideo. Uruguay, por su parte, realizó un gran esfuerzo para preparar la organización del campeonato. El más visible fue la construcción del Estadio del Centenario, un grandioso recinto deportivo con capacidad para 100.000 espectadores cuya inauguración estaba prevista para conmemorar durante el Mundial los cien años de independencia charrúa de su metrópoli española el día 18 de julio de 1930. Cuando llegó la pobre representación europea, los uruguayos echaron en falta sobre todo a dos países en los que la mayoría de su población hundía sus raíces genealógicas: España e Italia. La doliente respuesta sería el boicot uruguayo a los siguientes mundiales en Europa.

Trece selecciones tomaron parte en el I Campeonato del Mundo de Fútbol en Uruguay. La anfitriona más las también americanas de Argentina, Brasil, Bolivia, Brasil, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay y Perú, con Bélgica, Francia, Rumania y Yugoslavia representando al continente europeo. El éxito con el que se cerró el primer Mundial se extendió en los sucesivos. Para participar en la próxima fase final en Brasil en el presente año 2014 han competido 203 selecciones.

Nota previa final

Como era de temer no he tenido tiempo para publicar -según mi deseo- el documento exhaustivo de las fichas y datos de los partidos de los Mundiales antes de la cita de Brasil. Un plan tan ambicioso precisa de mucho tiempo de trabajo y de dedicación casi exclusiva de mi tiempo de ocio, así que me veo obligado a posponerlo “sine die” y apuntarlo en mi lista de tareas a medio plazo. No obstante, en cuanto lo haya preparado (datos de Brasil 2014 incluidos), lo publicaré en el blog y en Scribd.

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