Tras la ajustada votación para 2006, Sudáfrica
consiguió los votos necesarios para imponerse a la otra gran candidata
–Marruecos- y el Comité Ejecutivo de la FIFA le otorgó el 15 de mayo de
2004 la organización del XIX Campeonato del Mundo en 2010. Iba a ser el primer país africano en organizar un Mundial y había ciertas dudas sobre la capacidad organizativa de Sudáfrica, que la experiencia del Mundial de Rugby de 1995 podía disipar. El “apartheid” permanecía en el recuerdo de todos, pero era una época aparentemente superada con la presidencia de Nelson Mandela. La población negra, mayoritaria en Sudáfrica, tenía al fútbol como su deporte-enseña y se volcó con el campeonato.Hubo problemas organizativos que ya se pudieron apreciar en la Copa Confederaciones del año anterior. Si bien las comunicaciones funcionaron bien, los puntuales robos sufridos en algunos hoteles de equipos y prensa y la escasa afluencia de público (solucionada torticeramente con apertura de puertas iniciados los encuentros) fueron los fallos principales de una organización correcta en líneas generales. Los entusiastas aficionados sudafricanos, que no dejaron de hacer sonar sus cornetas llamadas “vuvuzelas” pese al frío del invierno sudafricano, paliaron la escasa presencia de aficionados autóctonos de los países en liza. Las multinacionales siguieron haciendo negocio en torno al Mundial. Amén de la orgía económica de contratos y retransmisiones televisivas, el balón “Jabulani” representó una nueva polémica semejante al del “Fevernova” de 2002.
















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