Hoy se cumplen cien
años del nacimiento del que ha sido, para muchos, el mejor futbolista
asturiano de la historia y el símbolo del “orgullo, valor y garra” que reza en
un verso del himno del Real Oviedo:
Eduardo Herrera, “Herrerita”.
Considerado uno de los mejores interiores de la historia del fútbol español, personificó
y representó la Edad de Oro oviedista desde su irrupción en Primera División en
1933 hasta el primer descenso en 1950. Junto a Emilín (a quien ya hemos dedicado un artículo por su centenario)
formó una dupla mítica del fútbol clásico patrio y su calidad, su bravura y
sobre todo su carácter ganador le
convirtieron en leyenda que pasa de generación a generación.
Ahora que la rivalidad Oviedo-Gijón (en lo futbolístico y
en lo “civil”) está más enervada que nunca, resulta curioso recordar “enfrente”
los orígenes del mito oviedista. Eduardo
Herrera Bueno nació en el tercer piso del nº18 de la Calle García de Gijón el 5 de julio de 1914, como el menor de
ocho hermanos: Rafael, Manuel, José, Ramón, Aída, Armando, Consuelo y Eduardo.
El patriarca de la familia Herrera Bueno era José Herrera Corona, un personaje de singular inteligencia, carpintero
y ebanista de profesión e inventor vocacional (se le atribuye el invento de las
puertas giratorias entre otros). Su afán por promover sus novedosas técnicas le
brindó súbitos cambios de fortuna entre la opulencia y la necesidad a lo largo
de su vida. Por ello, quizás, se esforzó por inculcar a sus hijos el valor del
trabajo y una recia disciplina propia de un colegio victoriano. Algunos de sus
hijos heredaron su curiosidad y sus inquietudes. Sin duda lo hizo Ramón Herrera, amante de la literatura
y de la filosofía además del fútbol. Apodado “El Sabio”, tras su breve paso por el Atlético de El Llano (barrio
gijonés), irrumpe en la plantilla del Sporting de Gijón y alcanza pronto la
titularidad. Era un delantero de gran calidad, pero de rendimiento irregular.
Alternaba tardes magníficas con otras en las que pasaba totalmente
desapercibido. Su fama alcanza nivel nacional pero cada vez que su nombre aparece como
posible fichaje de varios clubes o se rumoreaba su inminente debut con la
Selección Española Ramón Herrera jugaba sus peores partidos.



