
[N.del A.: A última hora de la tarde de ayer tuve conocimiento casual de la muerte del capitán soviético Sergei Belov. Sirva también este post como mi homenaje póstumo a su figura hasta su capítulo en la serie de "mitos"]
Además
del relato de cómo se consiguió la gesta de vencer a la Unión Soviética
de Sergei Belov y compañía, aporto un pequeño documento estadístico
sobre el campeonato de 1973 al final del post y -cómo no- el vídeo del
partido completo.
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Así las cosas...
Antonio Díaz Miguel llevaba ya casi ocho años dirigiendo al equipo nacional (a él no le gustaba el término “selección” sino el de “equipo”, toda una declaración de intenciones). La llegada de Ernesto Segura de Luna a la presidencia de la Federación Española recondujo el rumbo tras dos años tempestuosos bajo el mandato de Enrique Menor en el que se habían producido fracturas a todos los niveles, con plante de seleccionados incluido durante los Juegos Olímpicos de Munich. Sin Menor y con Segura de Luna regresó Raimundo Saporta y estos dos últimos llevaron la paz a los despachos y sosegaron las aguas en torno a la Selección Española. Había que llevar a cabo todo un reto: la organización del XVIII Campeonato de Europa de Baloncesto Masculino (el ya conocido como “Eurobasket”) a disputarse entre septiembre y octubre en Barcelona y Badalona. Al tiempo, había que conseguir enderezar el rumbo deportivo, porque los resultados obtenidos en Essen en 1971 y en Munich en 1972 habían sido decepcionantes. Emiliano, veterano de la selección, había renunciado tras el anterior campeonato de Europa y Díaz Miguel decidió echar mano de jugadores muy jóvenes para acelerar la transición de generaciones. Quedaron de la previa Luyk, Buscató y poco más. La generación intermedia (Brabender) vio igualmente mermada su presencia y pasaron a engrosar las filas del equipo nacional jugadores nuevos (Santillana, Rullán, Flores, los hermanos Estrada, Cabrera) El paroxismo de esta nueva tendencia la representa Juan Antonio Corbalán, incluido en la Selección Absoluta antes de su paso definitivo a la primera plantilla del Real Madrid, de cara a los Juegos Olímpicos de Munich.
España se encontraba en los setenta en un momento decisivo de su baloncesto: la aparición de los primeros jugadores altos capaces de dar réplica al tipo de pivot “armario empotrado” que ya eran moneda común no sólo en la Unión Soviética (los gigantes Kruminsh, Andreev y ahora los hermanos Kovalenko) sino en toda Europa, con mención especial para dos de ellos: el italiano Meneghin –no tan alto como los anteriores pero muy corpulento y carismático- y el yugoslavo Cosic –una mezcla prodigiosa de fuerza y habilidad-. Aparecieron los hermanos Estrada, Rullán, Santillana, y poco tiempo después surgirían primero Fernando Romay y luego Fernando Martín. Unos por estatura, otros por habilidad, otros por fuerza, se harían sitio a codazos en la zona paliando el ancestral deficit de pivots.
Preparación
La concentración se llevó a cabo en altura, en el Montseny y en Navacerrada, y se disputaron muchos partidos previos. Unos con selecciones nacionales (China, Canadá, Italia y Francia) y otros con clubes europeos (Brujas, Nantes), equipos colegiales foráneos (Universidad de Nassau) o combinados “comerciales” con jugadores en oferta (“Gillette All-Stars”). Los resultados y las sensaciones de juego iban siendo progresivamente más esperanzadores, sobre todo la victoria ante los italianos por 73-55 en el torneo de Grenoble. Dejando como suplentes de la convocatoria a Corbalán, Gregorio Estrada y Vicente Paniagua, los 12 seleccionados por Díaz Miguel fueron: Wayne Brabender, Vicente Ramos, Carmelo Cabrera, Rafael Rullán y Clifford Luyk (Real Madrid), Enric Margall, Luis Miguel Santillana, Francisco “Nino” Buscató y Miguel Ángel Estrada (Juventud Badalona), Manuel Flores (Barcelona) y los hermanos José Luis y Gonzalo Sagi-Vela (Kas y Estudiantes, respectivamente). Había ambición, y el objetivo marcado no era poca cosa: Igualar o mejorar el quinto puesto del Eurobasket de Italia de 1969.
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Clifford Luyk, el "mediático" de aquel entonces |
Fase de Grupos
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El vetusto Palacio de los Deportes de Barcelona |
Así las cosas, el Grupo B terminó con Yugoslavia como campeona y España en segundo lugar. Italia quedaba tercera, fuera de opción a medalla y aspirando como mucho al quinto puesto. El equipo de Díaz Miguel había cumplido el objetivo marcado: igualar o superar el quinto puesto de Nápoles cuatro años atrás. Sin más presión que la del anfitrión –que no era poca- tocó emparejarse en la semifinal con la Unión Soviética, que se había impuesto sobre todos sus rivales en el recién inaugurado pabellón badalonés que tiempo más tarde sería olímpico.
¡Que vienen los rusos!
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La canasta de A. Belov que dio el título olímpico a la URSS (1972) |
Los soviéticos se habían clasificados primeros en el Grupo A sin apenas oposición. Sólo Polonia y Rumania (curiosamente las dos últimas del grupo) se llevaron una desventaja inferior a 20 puntos. Sergei Belov, el alma de aquel poderoso equipo, venía realizando un campeonato notable y el combinado de la URSS respondía al clásico patrón del baloncesto soviético. Juego rocoso basado en el acierto en el lanzamiento exterior de sus hombres más bajos y poderío en la zona con sus pivots, todos ellos de elevadísima estatura y gran corpulencia.
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Sergei Belov, la gran figura soviética |
La única posibilidad ante los “rusos” (como se llamaba entonces genéricamente a todos los soviéticos, fueran rusos o no) según Díaz Miguel era la velocidad en el contraataque, unida a la precisión máxima en tiros y pases. Un balón perdido o un par de lanzamientos desafortunados serían regalos que los soviéticos no perdonarían. Buscató recordaba que el entrenador le había insistido con vehemencia durante las veinticuatro horas previas al partido sobre este particular, ya que él consideraba que era el hombre clave para poner en aprietos a Belov y compañía. Pese a que como ya se ha comentado los precedentes estadísticos eran muy adversos, había un ambiente de optimismo general y muchos aficionados estaban convencidos de que –al menos- se le iba a plantar cara a la campeona olímpica y continental. Justo antes del inicio del partido llegaron noticias desde Badalona de la victoria yugoslava ante Checoslovaquia por 96-71 que colocaba en la final a los balcánicos. La cita tuvo lugar en el Palacio de los Deportes de Barcelona, el jueves 4 de octubre de 1973, a las diez de la noche.
El vídeo
Impagable documento con presentación muy al estilo “seventies”, y entrevista posterior a Díaz Miguel por el periodista José Félix Pons.
El partido: Primera parte
Con un Palacio barcelonés a rebosar con más de cinco mil espectadores totalmente volcados con el equipo español (hermoso pabellón que hoy en día sobrevive reformado y habilitado como sala de conciertos) dio comienzo el partido con el salto inicial entre Santillana y Sergei Kovalenko, ganado fácilmente por el pivot soviético gracias a sus 2.16 de estatura. La primera jugada fue una falta del base español Ramos sobre el base soviético Miloserdov, que anotó sólo uno de sus dos tiros libres. Santillana respondió y puso por delante a España de modo efímero (2-1), dando la vuelta al marcador el equipo de Kondrashkin. Éste había puesto en liza inicial a Valeri Miloserdov, Modestas Paulauskas, Sergei Belov, Alexander Boloshev y Sergei Kovalenko. España salió con Vicente Ramos, José Luis Sagi-Vela, Wayne Brabender, Luis Miguel Santillana y Clifford Luyk.
Durante los primeros minutos del partido los vigentes campeones dominaban en el marcador, pero los españoles se mantuvieron cerca, a dos o tres puntos de desventaja (6-9 a los 3:28; 10-11 a los 5:10...) Una serie de canastas de Paulauskas y Belov dio una ventaja mayor a los soviéticos hacia el minuto 7 de partido, contestada con la primera aparición de Nino Buscató desde el banquillo, volviendo a reducir la desventaja a tres puntos (16-19 a los 9:04) Cabe destacar la fundamental aportación del base catalán porque no sólo estuvo muy acertado en su juego y en sus tiros, es que la práctica totalidad de sus canastas fueron de larga distancia y de haber existido la línea de triples la ventaja a lo largo del partido habría sido española, y el resultado final mucho más abultado. Faltaban aún más de diez años para que el baloncesto FIBA adoptara tal modificación.
El juego interior de la Unión Soviética con los Kovalenko y Boloshev ahogó a los pivots españoles. Luyk pasó inusualmente desapercibido, salvo por sus inusuales errores en los ganchos –su suerte característica- . La táctica de Kondrashkin y el trabajo de Sergei Kovalenko provocaron que el pivot hispano-norteamericano se cargara rápidamente de faltas personales y el joven Rafael Rullán, su compañero en el Real Madrid, le sustituyó sin mejorar su rendimiento. A su vez, los eslavos mantenían una vigilancia especial sobre el máximo anotador español: Brabender. Los soviéticos anotaban con regularidad y volvieron a sacar una ventaja que oscilaba entre los siete y diez puntos cerca del descanso, con una máxima de 11 a falta de siete minutos (28-39) El regreso de Luyk -que al fin pudo encestar uno de sus famosos ganchos- el ajuste de la puntería de Brabender y una nueva intervención eléctrica de Buscató igualaron de nuevo el partido. Se llegó al descanso con dos canastas postreras de Brabender y Buscató que dejaron el marcador en 45-40 favorable a los “rusos”.
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"Pivot", atento a la jugada. La mascota trajo fortuna |
El partido: segunda parte
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Nino Buscató disputó el partido de su vida |
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Miguel Ángel Estrada ejecutó a la URSS |
Kondrashkin dispuso que sus bases apoyaran a los aleros, pero Díaz Miguel sustituyó entonces la zona 1-2-2 por la 2-3, con Estrada sobre Sergei y luego Evgeny Kovalenko. Dos nuevas canastas eslavas dieron aire a los campeones a falta de cinco minutos (66-70) pero dos canastas consecutivas de Buscató y Miguel Ángel Estrada igualaron el partido a 70. En la jugada siguiente, un mal tiro de Boloshev fue reboteado por Brabender, quien envió a Buscató. El lanzamiento exterior en suspensión adelantó a España por primera vez desde casi el inicio del partido (72-70). Era cuatro de octubre, la noche de San Francisco. San Francisco... Buscató. El Palacio barcelonés enloqueció.
La gesta imposible se consuma
La reacción soviética no llegó. Los jugadores de Kondrashkin sigueron con su juego de posesiones largas. Ya no era estrategia, era indecisión. Dos nuevas canastas de Estrada y Santillana al alimón, y de Vicente Ramos aumentaron la ventaja española hasta los seis puntos (76-70) a falta de dos minutos y medio para el final del partido. La final, y con ella la automática medalla de plata, estaban de forma inusitada al alcance de la mano. Boloshev cometió su quinta personal y abandonó definitivamente la cancha. Acto seguido, una jugada personal de Ramos: conducción, penetración, bandeja y 78-70. Quedaban dos minutos escasos y la victoria estaba cantada. Para asegurar la victoria bajo los aros, Diaz Miguel devolvió a la cancha a Luyk en lugar de Santillana. Ramos, sustituido por Cabrera, fue achuchado por sus compañeros en el banquillo. Había un ambiente de euforia que convenía contener, porque aún quedaba tiempo para que los soviéticos reaccionaran y al menos forzaran una prórroga. Dos faltas consecutivas de Estrada (en ataque y en defensa) y una canasta lejana de Paulauskas devolvieron la incertidumbre al partido a falta de menos de un minuto. Miloserdov comete su quinta personal ante Cabrera. Una posesión larga de España termina en Brabender, que pierde el balón. Díaz Miguel, al lado de la jugada, salta desde el banquillo para abroncar a Wayne. Pero acto seguido el de Minnesota recupera el balón y apoyándose en Cabrera entra a canasta. Kovalenko tapona, pero el rebote cae a manos de Miguel Ángel Estrada que anota tras gancho en suspensión. Quedan quince segundos. España gana 80 a 74 y la victoria está servida. La jugada pasará a la historia del baloncesto patrio. Los comentarios posteriores de Díaz Miguel, asegurando que había ensayado esa jugada a diario con el rubiales durante los últimos meses de concentración y bla, bla, bla... también pasaron a la leyenda.
La última canasta de Sergei Kovalenko fue anecdótica. La cuarta derrota soviética en 110 partidos se había consumado. La URSS faltaba a la final de un Campeonato de Europa por vez primera tras ocho títulos consecutivos y once en total. España volvía a la final tras el primer Eurobasket de Ginebra de 1935 y ganaba por vez primera a la hasta entonces todopoderosa Unión Soviética. Nueve años después del famoso gol de Marcelino en la Eurocopa de fútbol de 1964 en Madrid, España asestó el segundo golpe deportivo a la URSS... aunque su utilización propagandística oficial fue mucho menor –entre otras cosas porque el magnicidio de Carrero Blanco ocurrido dos meses y pico después aceleraría el proceso de cambio de régimen, sin que procedieran fastos “ad hoc”- Huelga repetir una vez más la importancia de esta victoria, por suponer la segunda final para España y por haber sido la primera derrota soviética en un partido continental de eliminatorias. Esta victoria significaba nada menos que doblegar a un equipo legendario que venía dominando el Campeonato de Europa a lo largo de los dieciséis años precedentes. Algo sin parangón ni en el baloncesto ni en el deporte contemporáneo en general... Selección Española de Hockey Sobre Patines aparte, claro está.
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Díaz Miguel fue sacado a hombros de la cancha |
Dos días después, con un Cosic colosal (23 puntos, 13 rebotes) contestando a los 22 puntos de Brabender, Yugoslavia conquistó al fin su primer título de Campeona de Europa. Nino Buscató tuvo la satisfacción de retirarse de la Selección Española (y prácticamente del baloncesto en activo) con la medalla de plata al cuello y subiendo al podio en representación del plantel español tras su 222º partido oficial con España. Se había perdido la final, pero la plata de Barcelona se festejó como un título. Y este éxito tuvo como consecuencia la elevación definitiva del baloncesto a rango de deporte mayoritario, y en último término haber despertado la ilusión por este deporte a algunos muchachos que tiempo después defenderían con igual fortuna la camiseta de la Selección Española en los ochenta. Todo ello ocurrió hace cuarenta años.
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