Estadísticamente hablando, las victorias en los derbis
ante el Sporting suelen pasar factura. Esta vez se truncó en Cádiz una notable
racha de diez partidos sin perder (7 victorias) y casi 25 años sin hacerlo en
el Ramón de Carranza. No obstante, con “atraco” o sin él, hay que decir que los
cadistas sólo han conseguido tres puntos eventuales de ventaja e igualar el
doble enfrentamiento liguero con el Real Oviedo. E incluso con diez jugadores,
la imagen ofrecida por el conjunto de Anquela fue la de un equipo entero y con
cuajo, nada que ver con la debilidad de la Edad de Hierro de la temporada
pasada, así que aún con el 2-1 recibido tanto los números como lo que se ve
sobre el césped dan motivos para el optimismo.
De visitar a un equipo con el que desde los sucesos del
último ascenso se ha establecido una cierta rivalidad, pasamos a recibir a otro
equipo con el que por el contrario las relaciones institucionales y a pie de
grada se hicieron muy buenas tras una reciente promoción: el Albacete. Club que forma parte del
pelotón de la zona media-baja y que busca capturar puntos a domicilio para
evitar el descenso. Como visitante no gana pero cuesta ganarle, lo que le hará
un visitante muy peligroso.
A falta de confirmación de lesiones o sanciones, con los
blancos llegan dos centrocampistas de pasado azul muy reciente que –supongo-
serán recibidos de forma desigual por los aficionados locales (Susaeta y Erice)
si bien no son los únicos jugadores albacetistas que pasaron por el Real Oviedo
(léase Rubén Miño y nuestro querido Pelayo)
Introducción
al rival
El Albacete Balompié se fundó el 1 de agosto de 1940 con la fusión
de sus dos clubes más representativos en el momento: el Albacete FC y el CD
Albacete. Hasta finales de los años ochenta su trayectoria es poco relevante.
Durante su primer medio siglo de existencia milita principalmente en Tercera
División, con esporádicos ascensos a Segunda (1949, 1961 y 1985) y algunas
campañas en regional. En varias ocasiones se ve acuciado por problemas
económicos y/o institucionales que amenazan su supervivencia. La llegada a su
banquillo de Benito Floro en 1989 cambia la historia del club.
Tras dos ascensos consecutivos como campeón de Segunda B y de
Segunda el Albacete da el salto a Primera División, quedándose a muy poco de
clasificarse para la Copa de la UEFA en su primera temporada (7º). Popularmente
conocido como el “Alba”, y con la plantilla del denominado “Queso mecánico”
(Zalazar, Rommel Fernández, Coco, Antonio, Conejo...) se mantiene cuatro
campañas entre los mejores (1991 a 1995), siendo “rescatado” del descenso a
Segunda por el caso Celta-Sevilla, e integrado en la polémica liga de 22
equipos. Descendió finalmente en 1996.
Asciende de nuevo a Primera en 2003 manteniéndose dos temporadas.
Tras unos años establecido en Segunda el Albacete firma una mala temporada
2010-11 cayendo como colista a Segunda B, de la que regresará al tercer
intento. Actualmente alterna Segunda y Segunda B, participando esta temporada
2017/18 como recién ascendido a la llamada “División de Plata”.









